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Cuando algo se rompe y te da igual.

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Sabes que algo va mal cuando si algo se te rompe piensas que da igual, que te encajará en algún sitio de otro destrozo. Es difícil alejarse del momento exacto en que las palabras exactas te dejaron exactamente como no querías quedar antes de empezar. Te conviertes en ceniza y solo te preocupa en que dirección sopla el viento para que te aleje lo más posible de la playa de su ombligo en la bañera. Todo se vuelve complejo al tratar de entender algo que no tiene explicación, aunque nos empeñemos en buscar un por qué a veces la respuesta es solo porque la otra persona quiere que nos pase.  Brian Aguilar

Y entonces se va.

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A veces los errores los provocáis vosotros por no valorar lo que teníais y, claro, luego os dicen que no sabíais lo que teníais hasta que no lo habéis perdido, cuando en realidad siempre lo supisteis pero no os daba la gana de darlo todo porque pensabais que nunca se iba a ir, y entonces se va, y lloráis como críos por un corazón que nunca os ha pertenecido pero que creíais dominar con vuestra actitud pasiva y con vuestra mierda de filosofía de vida de no esforzaros por nada y que os lo den todo hecho. Queréis que os den pero luego vosotros nunca dais, que os queréis sentir especiales pero no hacéis nada para que los demás se sientan, y claro, luego nadie os entiende, sois unos incomprendidos, aunque quizá la culpa de vuestro «asco de vida» la tengáis vosotros, y la gente se cansa de esperar, de esperaros para subiros a su tren, que todos tenemos paciencia, pero solo tenemos una y cuando se gasta no queda espacio para una nueva oportunidad. Luego, esa gente que dejáis vacía se encuen...

Dolemos más que nadie.

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Eres de las personas que piensa que todo va a salir bien, pero no dejas entrar nada porque piensas que va a entrar mal, y entonces cuentas que tienes todo el pecho lleno de cosas tiradas por el corazón que una vez fueron bonitas, pero que ya no lo son, y que cada vez que alguien entra se tropieza dejando una cosa más que pesa, y que tienes miedo a que te dé un vuelco el corazón. Cuando cuentas esto ya consigues la atención de la gente, y no hay nada peor que cautivar a alguien en las cosas del amor que duelen, pues todos pensamos que no vamos a doler, y dolemos más que nadie , pero es peor ser indeciso que arrepentirse, y de arrepentidos está el barrio lleno. Contra más tratas de huir del amor más te pones en la diana, y cada vez es más fácil tener puntería porque tus miedos son más grandes. Te das cuenta que ya no sabes qué hacer para encajar tantas promesas rotas. 

Ganadora de un ejemplar de "Me dolía la garganta de callarme esto"

Había que empezar el año con buenas noticias, y siempre, una de ellas, es regalar un libro a alguien. La ganadora es María José Martínez Hernández, con su relato "Ojalá nunca leas esto". Cabe decir que todos los relatos han sido de una calidad muy buena, y quería remarcar que casi todos ellos tienen una temática parecida a las que saldrán en mi nuevo libro, hecho que me ha sorprendido, y a la vez entusiasmado, ya que pese a no haber publicado gran cosa de lo que aparecerá en la nueva novela, hay puntos que coinciden.  Solo puedo decir que muchas gracias a todos por participar, y que me ha encantado leeros. El ganador, en ese caso María José, tendrá un ejemplar gratuito, mientras que el resto que habéis participado dispondréis de un 10% de descuento y seréis los primeros en enteraros de cuando sale el libro, así como poder reservarlo antes que nadie. El libro estará disponible para finales de marzo lo más seguro.  A continuación os dejo el relato ganador, y una...

Imprescindibles

Nos encantaba hacernos daño el uno al otro porque sabíamos que éramos la única cura para el otro, y eso de sentirnos imprescindibles nos hacía sentir una sensación similar al orgasmo. Resultaba curioso que fuese más fácil hacernos dolor que felicidad, supongo que será esa ironía que dicen que “ni contigo ni sin ti”, y al final parecía eso, que “ni contigo ni sin ti” porque íbamos a terminar por acabar con nosotros con tanto daño. Íbamos siempre con la mentira por delante, porque de verdades no sabíamos vivir, y se nos daba mejor aparentar que mostrar la realidad, al fin y al cabo las mentiras suenan más bonitas que la verdad. Imaginábamos mejor las cosas de lo que las hacíamos después, y nos conocíamos tan bien que no nos quedaban ganas de conocer a nadie más. Ella veía las cosas venir mientras yo me dedicaba a mirar el culo de las demás, y supongo que por eso no me avisaba de lo que podía suceder después, y me dejaba expuesto a las posibles consecuencias. Pero lo cierto es que nos ...

Somos.

Somos todo aquello de lo que hemos dado para escribir, somos cada una de las costras que se han caído después de curarnos la herida, somos una playa en invierno y un beso en la frente de la persona que nos ha querido follar, somos el susurro de alguien afónico de gritarnos tantas veces que nos quería, somos la caída de un mechón de pelo que ha dado paso a una coleta y al sexo, somos cada una de las estaciones en las que hemos perdido un tren para traernos en otro a una persona de la que enamorarnos perdidamente, somos todas las explicaciones de más cuando lo mejor era hablar de menos, somos cada una de las sonrisas que hemos levantado por la calle, somos cada caricia que eriza una piel muerta a la que revivimos. Somos el error que aparece cuando ya estaba la solución, somos los "cinco minutos más" de cada mañana, y las prisas de después, somos el verbo amar y el verbo odiar en la misma persona, somos desconfianza y orden, confianza y caos. Somos -o al menos deb...

Mi final.

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Mi final tuvo un principio que no debería de haber empezado nunca. Todos tenemos un error, una persona inadecuada que es la única capaz de hacerte feliz, aunque en realidad es una felicidad de mentira, pues es dolor, aunque no lo veas así, aunque en verdad no veas nada más que la realidad inventada que proyecta tu cerebro. El principio fue por lo tanto un error que creí acierto. Es de esos errores con los que prefieres hacerte daňo y no poder olvidarte, antes que ser feliz con otra persona, con aquella persona que no saludaste porque el error creía que era un error hacerlo, aunque ahora pienso que haberlo hecho hubiese sido el acierto que me salvase de este final. Yo solo quería salir del precipicio de seguir intentando que aquello saliese bien, eran intentos tirados al fondo de su orgullo, y era demasiado profundo para encontrar un mínimo de compresión. Y desde entonces no tengo corazón, y sí coraza. He perdido el tiempo y ahora llego a destiempo a todas partes. He cambiado los abrazo...