miércoles, 18 de abril de 2018

Éramos más dolor que felicidad


Lo nuestro era tan profundo que terminamos por ahogarnos a nosotros mismos. Una noche, en la que no pudimos coger el sueño tras el mejor sexo del último lustro de reproches, nos pusimos a contar ovejas y terminamos por contarnos las cicatrices que nos hicimos el uno al otro, y ahí nos dimos cuenta de que éramos más dolor que felicidad. Cuando nos levantamos de la cama al día siguiente sonó como se descomponían todos los pedazos que habíamos ido acumulando bajo la escusa de una nueva oportunidad. Finalmente, decidimos irnos a comprar tabaco para quemar lo que nos quedaba de vida en las caladas de otras bocas. Fue imposible encontrar el equilibrio en la mirada floja de alguien que te mira diciéndote que ya no queda amor dentro de ella, y al perder el equilibrio ya nada sostenía los pedazos que permanecían unidos por seguir viéndonos cada mañana amanecer, y  escuchar ese sonido a roto que nos daba la oportunidad de intentar mejorar el desastre cometido.
Brian Aguilar.

martes, 30 de enero de 2018

Cuando algo se rompe y te da igual.


Sabes que algo va mal cuando si algo se te rompe piensas que da igual, que te encajará en algún sitio de otro destrozo. Es difícil alejarse del momento exacto en que las palabras exactas te dejaron exactamente como no querías quedar antes de empezar. Te conviertes en ceniza y solo te preocupa en que dirección sopla el viento para que te aleje lo más posible de la playa de su ombligo en la bañera. Todo se vuelve complejo al tratar de entender algo que no tiene explicación, aunque nos empeñemos en buscar un por qué a veces la respuesta es solo porque la otra persona quiere que nos pase. 

Brian Aguilar

domingo, 21 de enero de 2018

Y entonces se va.

A veces los errores los provocáis vosotros por no valorar lo que teníais y, claro, luego os dicen que no sabíais lo que teníais hasta que no lo habéis perdido, cuando en realidad siempre lo supisteis pero no os daba la gana de darlo todo porque pensabais que nunca se iba a ir, y entonces se va, y lloráis como críos por un corazón que nunca os ha pertenecido pero que creíais dominar con vuestra actitud pasiva y con vuestra mierda de filosofía de vida de no esforzaros por nada y que os lo den todo hecho. Queréis que os den pero luego vosotros nunca dais, que os queréis sentir especiales pero no hacéis nada para que los demás se sientan, y claro, luego nadie os entiende, sois unos incomprendidos, aunque quizá la culpa de vuestro «asco de vida» la tengáis vosotros, y la gente se cansa de esperar, de esperaros para subiros a su tren, que todos tenemos paciencia, pero solo tenemos una y cuando se gasta no queda espacio para una nueva oportunidad. Luego, esa gente que dejáis vacía se encuentran con otras personas a las que les dicen que podrían a ver sido su droga, su tabaco favorito, pero que no, que gracias, que ya no fuman, aunque antes sí que lo hacían, pero lo dejaron hace tiempo, cuando se dieron cuenta de que a la larga resultaba demasiado caro ir dejándose los pulmones en cada calada a cigarros que les daría igual una boca que otra; y la culpa no es de nadie más que de esos que les han destrozado y que van regalando los oídos a personas que solo escuchan con el corazón. Entonces, los que sufren empiezan a odiar el amor, y no pasa nada, yo también lo odio, porque el amor es una mierda en verdad, pero es la mierda que más feliz os hace en el mundo.


Fragmento de mi libro 'Me dolía la garganta de callarme esto'.

Brian Aguilar.

jueves, 18 de enero de 2018

Dolemos más que nadie.

Eres de las personas que piensa que todo va a salir bien, pero no dejas entrar nada porque piensas que va a entrar mal, y entonces cuentas que tienes todo el pecho lleno de cosas tiradas por el corazón que una vez fueron bonitas, pero que ya no lo son, y que cada vez que alguien entra se tropieza dejando una cosa más que pesa, y que tienes miedo a que te dé un vuelco el corazón. Cuando cuentas esto ya consigues la atención de la gente, y no hay nada peor que cautivar a alguien en las cosas del amor que duelen, pues todos pensamos que no vamos a doler, y dolemos más que nadie, pero es peor ser indeciso que arrepentirse, y de arrepentidos está el barrio lleno. Contra más tratas de huir del amor más te pones en la diana, y cada vez es más fácil tener puntería porque tus miedos son más grandes. Te das cuenta que ya no sabes qué hacer para encajar tantas promesas rotas. 

viernes, 1 de enero de 2016

Ganadora de un ejemplar de "Me dolía la garganta de callarme esto"

Había que empezar el año con buenas noticias, y siempre, una de ellas, es regalar un libro a alguien. La ganadora es María José Martínez Hernández, con su relato "Ojalá nunca leas esto". Cabe decir que todos los relatos han sido de una calidad muy buena, y quería remarcar que casi todos ellos tienen una temática parecida a las que saldrán en mi nuevo libro, hecho que me ha sorprendido, y a la vez entusiasmado, ya que pese a no haber publicado gran cosa de lo que aparecerá en la nueva novela, hay puntos que coinciden. 

Solo puedo decir que muchas gracias a todos por participar, y que me ha encantado leeros. El ganador, en ese caso María José, tendrá un ejemplar gratuito, mientras que el resto que habéis participado dispondréis de un 10% de descuento y seréis los primeros en enteraros de cuando sale el libro, así como poder reservarlo antes que nadie. El libro estará disponible para finales de marzo lo más seguro. 

A continuación os dejo el relato ganador, y una vez más, gracias por participar!

"Ojalá nunca leas esto. Ojalá nunca te sientas como yo me siento.

Te fuiste huyendo como si de repente hubieses descubierto que aquél no era el sitio en el que debías estar. Desde el mismo momento en que nos encontramos decidimos jugar a ver quién sentía menos de los dos, como el que juega con fuego consciente de las quemaduras resultado de ello. Nos sentíamos invencibles dentro y fuera de las sábanas de la incertidumbre de aquello a lo que nunca pusimos nombre pero siempre quisimos. Nos hicimos daño de tanta rabia por no querer querer. Nos jodimos por las ganas de jugar solo con la piel. 

Hoy estoy cansada de soñar contigo y nunca despertar a tu lado, cansada de jugar a ver si hoy siento menos que ayer y no parar de perder. Hoy el verde de tus ojos me atormenta si me hablan de esperanza, y las noches acaban pero ya no hay mañanas. Ojalá no leas esto pero me duele la garganta de callar. Ojalá no leas esto porque al fin voy a confesar, que me duele…me duele aún el alma por amar(te)". 

María José Martínez Hernández

lunes, 7 de diciembre de 2015

Imprescindibles

Nos encantaba hacernos daño el uno al otro porque sabíamos que éramos la única cura para el otro, y eso de sentirnos imprescindibles nos hacía sentir una sensación similar al orgasmo. Resultaba curioso que fuese más fácil hacernos dolor que felicidad, supongo que será esa ironía que dicen que “ni contigo ni sin ti”, y al final parecía eso, que “ni contigo ni sin ti” porque íbamos a terminar por acabar con nosotros con tanto daño. Íbamos siempre con la mentira por delante, porque de verdades no sabíamos vivir, y se nos daba mejor aparentar que mostrar la realidad, al fin y al cabo las mentiras suenan más bonitas que la verdad. Imaginábamos mejor las cosas de lo que las hacíamos después, y nos conocíamos tan bien que no nos quedaban ganas de conocer a nadie más. Ella veía las cosas venir mientras yo me dedicaba a mirar el culo de las demás, y supongo que por eso no me avisaba de lo que podía suceder después, y me dejaba expuesto a las posibles consecuencias. Pero lo cierto es que nos queríamos tanto que cuando sentíamos que nos alejábamos no sentíamos distancia, sino vértigo, y entonces sabíamos que éramos necesarios el uno para el otro.

Al fin y al cabo éramos la vida y yo.  

jueves, 8 de octubre de 2015

Somos.

Somos todo aquello de lo que hemos dado para escribir,
somos cada una de las costras que se han caído después de curarnos la herida,
somos una playa en invierno y un beso en la frente de la persona que nos ha querido follar,
somos el susurro de alguien afónico de gritarnos tantas veces que nos quería,
somos la caída de un mechón de pelo que ha dado paso a una coleta y al sexo,
somos cada una de las estaciones en las que hemos perdido un tren para traernos en otro a una persona de la que enamorarnos perdidamente,
somos todas las explicaciones de más cuando lo mejor era hablar de menos,
somos cada una de las sonrisas que hemos levantado por la calle,
somos cada caricia que eriza una piel muerta a la que revivimos.

Somos el error que aparece cuando ya estaba la solución,
somos los "cinco minutos más" de cada mañana, y las prisas de después,
somos el verbo amar y el verbo odiar en la misma persona,
somos desconfianza y orden, confianza y caos.

Somos -o al menos deberíamos ser todos-.

jueves, 23 de julio de 2015

Mi final.

Mi final tuvo un principio que no debería de haber empezado nunca. Todos tenemos un error, una persona inadecuada que es la única capaz de hacerte feliz, aunque en realidad es una felicidad de mentira, pues es dolor, aunque no lo veas así, aunque en verdad no veas nada más que la realidad inventada que proyecta tu cerebro. El principio fue por lo tanto un error que creí acierto. Es de esos errores con los que prefieres hacerte daňo y no poder olvidarte, antes que ser feliz con otra persona, con aquella persona que no saludaste porque el error creía que era un error hacerlo, aunque ahora pienso que haberlo hecho hubiese sido el acierto que me salvase de este final. Yo solo quería salir del precipicio de seguir intentando que aquello saliese bien, eran intentos tirados al fondo de su orgullo, y era demasiado profundo para encontrar un mínimo de compresión. Y desde entonces no tengo corazón, y sí coraza. He perdido el tiempo y ahora llego a destiempo a todas partes. He cambiado los abrazos por unos brazos anclados que no encuentran en nadie el consuelo. Y el final llegó cuando me di cuenta que me había acostumbrado al dolor, y acostumbrarse a algo, la rutina del dolor de pecho, es perder la partida. Y todo por un error. Y esto os lo explico  con el corazón en mis dos manos, pues en una sólo cabe la mitad de algo partido. Se fue con un beso dejándome en la boca la palabra esperanza. Y esperé, y desesperé. Y cuando insistes tanto y sigues fallando, y pese a romperte todas las veces lo sigues intentando, solo toca esperar que llegue tu final, y hacer de él un poema, una novela, una canción, en definitiva, convertir el dolor en arte para que los demás sepan de tu fracaso; yo, en cambio, decidí que el final se quedase en mi mente pensando siempre que de intentarlo una vez más se convertiría en acierto. 
 

lunes, 9 de marzo de 2015

Somos, que al fin y al cabo es lo importante

Somos una generación desesperada por sentir por cualquier cosa, la generación que le da más miedo enamorarse que cruzar sin mirar mientras va hablando por el móvil con algo que les haga sentir lo que sea; la generación que fuma cigarrillos de liar, no por ahorrar, sino para hacer algo con sus manos y tener los dedos llenos, ya que luego va por ahí con el pecho vacío. Siempre estáis mirando la hora, como si fueseis a llegar tarde, ¿pero tarde a qué?, si ya nadie nos espera más de cinco minutos. Sois de exigir que os lo den todo sin haber dado aún nada, sois de esquivar las piedras y tropezaros solos, sin saber que la piedra hay que meterla en el bolsillo y cuidarla para que no se vuelva a caer. Sois de olvidaros de vuestros antiguos rollos cuando dejáis de masturbaros pensando en ellos. Que de aquí a unos años cuando nos hagan la autopsia van a encontrar un pecho lleno de nombres tachados y un corazón deformado de los puñetazos que le hemos dado. No sabéis querer, pero creer que queréis se os da de puta madre. Somos una generación perdida, y no porque no estemos preparados, sino porque buscamos tanto las cosas en vez de esperarlas, que acabamos perdiéndonos sin saber dónde ir. Somos una generación de trenes que alguien deja pasar para que otra persona decida cogernos. Somos personas normales que han acabado locas por amor, y qué más da si lo importante es acabar de alguna manera. Somos una generación que cuando vuelve del amor nadie nos reconoce, ni nosotros mismos lo hacemos. Pero somos, que al fin y al cabo es lo importante, y hay que ser, sabiendo que el pretérito nunca fue perfecto y que el futuro nunca será simple.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

La rutina de vivir en el caos.

Cada martes te planteas cambiar tu vida, te crees que las cosas van a salir como quieres, aún llevas la ropa del sábado que huele a fracaso, la casa está llena de latas de cerveza de marca blanca, y te cagas en la puta cada vez que piensas en que te dejaste llevar tanto que perdiste el sentido para volver a casa y estar a salvo.
Pero llegan los miércoles y te los pasas de cara a la pared haciendo tachones con pinceles en los sitios donde aún retumban sus gemidos y vuestros secretos.
Los jueves autoanalizas tu transtorno psiquicosinella, te pasas horas mirándote al espejo tratando de completar una ronda de mentiras sobre lo bien que estás, pese al fracaso, y que parezca convincente de cara a la galería de esos tachones que dicen la verdad sobre de la mierda en como te sientes.
Los viernes sales a bares donde huele igual de fuerte a alcohol del malo que a desastres de amores de garrafón. Bebes a base de chupitos porque crees que probando de diferentes vasos y diferentes sabores te vas a llenar más, y no es así.
El sábado te levantas con el ánimo igual de bajo que lo que no se te excita por la cantidad de alcohol en vena. Y sales otra vez por la noche, y no te pones, y crees que es por el alcohol, cuando en realidad es porque no te has olvidado aún de la otra persona.
El domingo te pasas horas delante del televisor viendo, que no escuchando, películas melodramáticas mientras no te peleas con tu otra persona por la manta.
Y llega el lunes, y la resaca de toda la semana te hace sentirte sin fuerzas, hasta que vuelve a llegar el martes, y otra vez la misma mierda.

sábado, 26 de abril de 2014

Con ganas de cometerte.

Miraba cada uno de los precipicios de tu cuerpo con ganas de cometerte. Los miraba como un suicida mira desde un puente el río donde va a hacerse el amor a sí mismo. Como un adolescente mira lo que hay detrás de las primeras bragas que baja con las manos nerviosas. Como alguien sin corazón que mira como su cabeza va a destrozar a alguien con más corazón que razón. Como un astronauta mira la nave espacial que le va a llevar a un planeta donde no ha llegado nadie. Como una prostituta mira a un hombre que le salva la honra y en vez de follársela le cuenta sus penas. Como un político mira su primer sobre lleno de dinero conseguido con la corrupción. Como un pirómano mira el monte al que va a quemar, o hacerle el amor con tanta pasión que saldrán ardiendo. Como el poeta mira la falda de esa chica para ver si el viento se la levanta y poder leer el mejor poema marcado en sus bragas. Como la herida mira y analiza a la cicatriz que le va a curar. Como un pueblo sometido mira la bandera revolucionaria que les une en la lucha.

Los miraba con ganas de lanzarme a por ellos, de cométerlos, de comértelos, de sentirme vivo, de suicidarme en cada desnivel de tu espalda, de demostrarnos a base de mordiscos cuántas ganas nos teníamos y acabar con la piel desgarrada.

lunes, 27 de enero de 2014

Os creéis salvadores de pechos.

Nunca deberíais interponeros entre alguien y sus ganas de autodestrucción. Pero siempre os interponéis, porque os creéis salvadores de pechos con ganas de romperse y sentirse vacíos sin otro pecho que compense su desnivel de soledad, de pena, y acabáis rompiéndoos el vuestro por idiotas. Hay gente que no está preparada para querer a otra persona que no sea a ella misma, y creéis que vosotros vais a ser los primeros en hacerles sentir algo, pero nunca acaba siendo así porque nunca van a estar dispuestos a querer a alguien, no porque no sepan -porque para querer a alguien no hace falta saber, solo hacen falta ganas de entregarse-, sino porque no les da la gana. Siempre os acabarán decepcionando esas personas que desde el primer momento os dicen que el amor es una mierda, pero pese a todo sois tan ingenuos de ir a por ella, que luego os quejáis cuando el tren os atropella por cruzar cuando la barrera de paso estaba bajada y parpadeaba la luz del semáforo, intensamente, para que no dieses ni un paso más. Luego no sabéis como explicarle a la gente el destrozo, no para que os entiendan, sino para intentar entenderos a vosotros mismos. Lo importante es enamorarse joven y dejar un bonito cadáver y que te decepcionen cuanto antes para pasar a la siguiente decepción. El amor brilla tanto por su ausencia que a este paso nos va a dejar ciego el corazón.

martes, 10 de diciembre de 2013

Nunca me gustó como besabas.


Me gustabas porque me dijiste desde el principio que eras imposible, como una primavera sin ganas de revolución, como pedirle pétalos a un cáctus, como que el agua y el aceite se revuelquen dentro de un mismo vaso. Me gustabas cuando escribías en mi cama y recitabas lo que habías escrito, y para mí eso era como si estuvieses bailando en mi cama desnuda. Contra más alto subíamos, más vértigo tenías, más miedo por si resbalabas y la hostia contra el suelo te destrozaba, y es que de tanto mirar para abajo me dejaste de mirar a mí, y yo no paraba de mirarte, desolado, viendo que no tenías ya ilusión, mientras notaba como la mía estaba cayendo desde donde estábamos, con tanta velocidad y turbulencias que tenía toda la pinta de reventarse contra el suelo, te miraba viendo lo perdida que estabas y las ganas que tenías de bajar, y es que nunca te dejaste llevar, y nunca podrás amar a alguien, porque el amor es dejarse llevar sin importar la hostia que te vayas a pegar. Invertí mis ilusiones contigo a plazo fijo y has quebrado y ya nunca las podré recuperar. Ahora te echo de menos y te sigo queriendo de más, como siempre; y supongo que la soledad se ha convertido en el sitio donde esperarte.

Y es que nunca me gustó como besabas con tanta pasión al miedo cuando nos despedíamos hasta el día siguiente, pero siempre confiaba en que algún día eligieses entre él o yo, y siempre gana el más hijo de puta.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Quise vivir de nuestro cuento y acabé muriéndome de la realidad


Yo contigo solo quería salir corriendo delante de la policía por haber robado en un supermercado, coger un cádilac en una gasolinera, huir, que te pusieses de pie en el asiento con los brazos abiertos mientras hacíamos la ruta 66 y morir en un tiroteo. Pero en el amor siempre cometemos el fallo de dejarnos llevar sin preguntar a dónde vamos, y luego nos encontramos en el fondo de un precipicio mientras la otra persona está dando saltitos mientras baila en el borde riéndose. Y es que nos enamoramos de bloques de hielo sin saberlo, y lo malo es que el hielo se pega a la piel y quema, dejando marcas. Y despegarte duele mucho.

Nuestra relación era a distancia porque nunca quiso acercarse a donde yo estaba, y ojalá hubiese tenido un doble para las escenas en que si yo no iba, ella pasaba de venir y lo nuestro se acababa. Las personas no cambian, solo se limitan a disimular, y ella nunca supo querer, pero disimulabas tan bien que creí llegar a pensar que estaba enamorada; que hija de puta que fue, pero cómo me gustaba. Supongo que es que los momentos más felices al final acaban siendo mentira, que cuando todo termina es mejor quedarse en silencio, porque el silencio siempre tiene la última palabra; y pasé a convertirme en un tren que alguien dejó escapar y espera que otra persona lo coja. Me dejó la ilusión a la altura del suelo, en forma de ropa interior por los tobillos, huyendo antes de comérmela -la ilusión- y dejándome lleno de miedos y de dudas; en cambio yo a su miedo le hubiese bajado las bragas y me lo hubiese comido hasta que se corriese de risa y dejase todo empapado de ilusión, y es que si no vas a comerte la ilusión de alguien es mejor que no le bajes la ropa interior -o los miedos-.

Pero bueno, creo que empezaré a fumar porque eso de que quite 7 minutos de vida cada cigarro lo veo como un incentivo para esta vida en la que da más miedo el amor que morirse. A lo mejor algún día aprenda a saludar a los recuerdos sin que me den una hostia en el corazón. Y ahora solo me queda rascar en la herida que dejó hasta que sangre porque, aunque duela, no quiero que nunca se cierre para no olvidarla del todo. 

viernes, 6 de septiembre de 2013

Me ha entrado miedo a olvidar como dueles.

Ojalá nos hubiésemos querido tanto
como nos odiamos ahora.
Y es que quizá solo nos conocimos para saber
a qué sabe el dolor cuando te matan por dentro.
Siempre te dije que ibas a dejar huella,
pero no hacía falta pisarme el corazón tan fuerte para ello.

Yo abrazaba al amor por detrás
y tú te empeñabas en cogerlo fuerte del cuello.
Y hoy me dedico a cerrarle las puertas
a todo el mundo, porque este destrozo es nuestro
y no quiero que nadie entre a arreglarlo,
quien lo rompe lo arregla, y te estoy esperando con todo por medio
y pensando que en algún lugar de estas lágrimas
gotea tu nombre y la posibilidad de haber sido eternos.

Y ahora el daño ya está hecho,
y cuando el daño está hecho no queda otra que sentarse
en la mesa y comérselo solo y en silencio,
hasta que se termine el plato.
Fuiste una hija de puta,
una piedra en medio del camino
con la que volvería a tropezar cada vez que me levantase.
Siempre duele que te destrocen,
pero tú al menos tuviste estilo para hacerlo, y se agradece.

He estado a punto de admitir que lo nuestro fue un error,
a punto de aprender de ello,
y me ha entrado miedo a olvidar como dueles.  

jueves, 1 de agosto de 2013

Primeros dos capítulos de mi segundo libro "Seis pasos, seis pétalos y un adiós".

Puedes descargarte en PDF,  totalmente gratis, los dos primeros capítulos de mi segundo libro "Seis pasos, seis pétalos y un adiós". Aquí tienes el enlace:

https://docs.google.com/file/d/0B31BDmGpgB9Eb3BFd1JZaU03bXM/edit?usp=sharing

Si te gusta, y queréis saber como termina todo, puedes pedirme un ejemplar por twitter (@_brianaguilar).

sábado, 29 de junio de 2013

La camella de la ciudad.


Ella no sabía nada del amor, solo sabía activar la bomba de la ilusión y salir corriendo. Cuando me conectó al explosivo que había fabricado en cuestión de segundos (lo que tardaba en echarme una mirada de esas que te atraviesan de arriba abajo y en doble dirección) fue a comprar dinamita para fabricar unas cuantas bombas más, en la misma tarde, mientras paseaba por el centro de la ciudad e iba echando miradas a hombres de camisa y rompiéndoles los cuellos con el movimiento de su culo. Para ella empezar una relación era conectarse con la otra persona a cientos de kilos de pólvora y esperar la explosión definitiva que lo rompiese todo, y las diosas nunca tienen que morir.

Esperaba en el sofá de casa y, cuando oía que las bombas habían explotado, bajaba a la calle corriendo a buscar los corazones que salían volando por los aires y caían del cielo. Se los llevaba a casa, tenía una vitrina llena de trofeos, o de corazones reventados, que para ella era lo mismo. Si ella hubiese salido en una película de suspense el mayordomo no hubiese sido el asesino, ella lo hubiese matado antes subiendo las escaleras de casa y mirándole mientras le pedía que cortase el jardín. Y sí, mi corazón reventó y saltó por los aires justo cuando vi que miraba a otro hombre como me había mirado a mí. Ni siquiera sabía su nombre, ni dónde vivía, pero que importa eso para pillarte por el mejor culo de toda la ciudad y por esos ojos azules en los que te apetece naufragar y ahogarte en ellos si hace falta. Y desde que pasó por mi vida no he podido ilusionarme, por su culpa o por la mía (que aún me dura el eco de aquella explosión de ilusión), de otra mujer. En el barrio se rumorea que ella siempre quiso ser heroína de pequeña, y al final se ha terminado convirtiendo en mi adicción (la mía y la de cientos de hombres más que la vemos inalcanzable cuando creíamos que la teníamos ya comiendo de nuestra mano) y consumiéndome la vida cada vez que la veo encenderse un cigarrillo por la Avenida. Y es que ella era una calientapollas, le gustaba meterte la ilusión en la bragueta a través de la mirada mientras se mordía el labio y luego te daba una palmadita en el culo cuando pasaba por tu lado y ya le echaba el ojo a la siguiente bragueta. Muchos la llamaban “puta”, pero aunque a mí me haya reventado el corazón, la admiro, admiro su libertad y la forma en la que se ríe de todos los hombres de la ciudad y como todos caen en la misma trampa. Es poderosa. Es la chica rebelde que todo hombre sueña tener, quizá nos gusta tanto porque la vemos como un imposible y lo imposible atrae más que todas las fuerzas magnéticas del mundo. Su culo era el mejor imán de todos y la mirada se te quedaba ahí pegada hasta que se giraba y te pillaba mirándoselo, y se reía porque sabía que otro más había caído.


Se convirtió rápidamente en la camella de la ciudad, ella era la única que traficaba ilusión entre los hombres y solo te ponías a tono cuando ella te daba un par de gramos, las demás camellas pasaban ilusión de mala calidad y nadie la quería.