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Ganadora de un ejemplar de "Me dolía la garganta de callarme esto"

Había que empezar el año con buenas noticias, y siempre, una de ellas, es regalar un libro a alguien. La ganadora es María José Martínez Hernández, con su relato "Ojalá nunca leas esto". Cabe decir que todos los relatos han sido de una calidad muy buena, y quería remarcar que casi todos ellos tienen una temática parecida a las que saldrán en mi nuevo libro, hecho que me ha sorprendido, y a la vez entusiasmado, ya que pese a no haber publicado gran cosa de lo que aparecerá en la nueva novela, hay puntos que coinciden.  Solo puedo decir que muchas gracias a todos por participar, y que me ha encantado leeros. El ganador, en ese caso María José, tendrá un ejemplar gratuito, mientras que el resto que habéis participado dispondréis de un 10% de descuento y seréis los primeros en enteraros de cuando sale el libro, así como poder reservarlo antes que nadie. El libro estará disponible para finales de marzo lo más seguro.  A continuación os dejo el relato ganador, y una...

Imprescindibles

Nos encantaba hacernos daño el uno al otro porque sabíamos que éramos la única cura para el otro, y eso de sentirnos imprescindibles nos hacía sentir una sensación similar al orgasmo. Resultaba curioso que fuese más fácil hacernos dolor que felicidad, supongo que será esa ironía que dicen que “ni contigo ni sin ti”, y al final parecía eso, que “ni contigo ni sin ti” porque íbamos a terminar por acabar con nosotros con tanto daño. Íbamos siempre con la mentira por delante, porque de verdades no sabíamos vivir, y se nos daba mejor aparentar que mostrar la realidad, al fin y al cabo las mentiras suenan más bonitas que la verdad. Imaginábamos mejor las cosas de lo que las hacíamos después, y nos conocíamos tan bien que no nos quedaban ganas de conocer a nadie más. Ella veía las cosas venir mientras yo me dedicaba a mirar el culo de las demás, y supongo que por eso no me avisaba de lo que podía suceder después, y me dejaba expuesto a las posibles consecuencias. Pero lo cierto es que nos ...

Somos.

Somos todo aquello de lo que hemos dado para escribir, somos cada una de las costras que se han caído después de curarnos la herida, somos una playa en invierno y un beso en la frente de la persona que nos ha querido follar, somos el susurro de alguien afónico de gritarnos tantas veces que nos quería, somos la caída de un mechón de pelo que ha dado paso a una coleta y al sexo, somos cada una de las estaciones en las que hemos perdido un tren para traernos en otro a una persona de la que enamorarnos perdidamente, somos todas las explicaciones de más cuando lo mejor era hablar de menos, somos cada una de las sonrisas que hemos levantado por la calle, somos cada caricia que eriza una piel muerta a la que revivimos. Somos el error que aparece cuando ya estaba la solución, somos los "cinco minutos más" de cada mañana, y las prisas de después, somos el verbo amar y el verbo odiar en la misma persona, somos desconfianza y orden, confianza y caos. Somos -o al menos deb...

Mi final.

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Mi final tuvo un principio que no debería de haber empezado nunca. Todos tenemos un error, una persona inadecuada que es la única capaz de hacerte feliz, aunque en realidad es una felicidad de mentira, pues es dolor, aunque no lo veas así, aunque en verdad no veas nada más que la realidad inventada que proyecta tu cerebro. El principio fue por lo tanto un error que creí acierto. Es de esos errores con los que prefieres hacerte daňo y no poder olvidarte, antes que ser feliz con otra persona, con aquella persona que no saludaste porque el error creía que era un error hacerlo, aunque ahora pienso que haberlo hecho hubiese sido el acierto que me salvase de este final. Yo solo quería salir del precipicio de seguir intentando que aquello saliese bien, eran intentos tirados al fondo de su orgullo, y era demasiado profundo para encontrar un mínimo de compresión. Y desde entonces no tengo corazón, y sí coraza. He perdido el tiempo y ahora llego a destiempo a todas partes. He cambiado los abrazo...

Somos, que al fin y al cabo es lo importante

Somos una generación desesperada por sentir por cualquier cosa, la generación que le da más miedo enamorarse que cruzar sin mirar mientras va hablando por el móvil con algo que les haga sentir lo que sea; la generación que fuma cigarrillos de liar, no por ahorrar, sino para hacer algo con sus manos y tener los dedos llenos, ya que luego va por ahí con el pecho vacío. Siempre estáis mirando la hora, como si fueseis a llegar tarde, ¿pero tarde a qué?, si ya nadie nos espera más de cinco minutos. Sois de exigir que os lo den todo sin haber dado aún nada, sois de esquivar las piedras y tropezaros solos, sin saber que la piedra hay que meterla en el bolsillo y cuidarla para que no se vuelva a caer. Sois de olvidaros de vuestros antiguos rollos cuando dejáis de masturbaros pensando en ellos. Que de aquí a unos años cuando nos hagan la autopsia van a encontrar un pecho lleno de nombres tachados y un corazón deformado de los puñetazos que le hemos dado. No sabéis querer, pero creer que queréi...

La rutina de vivir en el caos.

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Cada martes te planteas cambiar tu vida, te crees que las cosas van a salir como quieres, aún llevas la ropa del sábado que huele a fracaso, la casa está llena de latas de cerveza de marca blanca, y te cagas en la puta cada vez que piensas en que te dejaste llevar tanto que perdiste el sentido para volver a casa y estar a salvo. Pero llegan los miércoles y te los pasas de cara a la pared haciendo tachones con pinceles en los sitios donde aún retumban sus gemidos y vuestros secretos. Los jueves autoanalizas tu transtorno psiquicosinella, te pasas horas mirándote al espejo tratando de completar una ronda de mentiras sobre lo bien que estás, pese al fracaso, y que parezca convincente de cara a la galería de esos tachones que dicen la verdad sobre de la mierda en como te sientes. Los viernes sales a bares donde huele igual de fuerte a alcohol del malo que a desastres de amores de garrafón. Bebes a base de chupitos porque crees que probando de diferentes vasos y diferentes sabores te v...

Con ganas de cometerte.

Miraba cada uno de los precipicios de tu cuerpo con ganas de cometerte. Los miraba como un suicida mira desde un puente el río donde va a hacerse el amor a sí mismo. Como un adolescente mira lo que hay detrás de las primeras bragas que baja con las manos nerviosas. Como alguien sin corazón que mira como su cabeza va a destrozar a alguien con más corazón que razón. Como un astronauta mira la nave espacial que le va a llevar a un planeta donde no ha llegado nadie. Como una prostituta mira a un hombre que le salva la honra y en vez de follársela le cuenta sus penas. Como un político mira su primer sobre lleno de dinero conseguido con la corrupción. Como un pirómano mira el monte al que va a quemar, o hacerle el amor con tanta pasión que saldrán ardiendo. Como el poeta mira la falda de esa chica para ver si el viento se la levanta y poder leer el mejor poema marcado en sus bragas. Como la herida mira y analiza a la cicatriz que le va a curar. Como un pueblo sometido mira la bandera revoluc...