lunes, 19 de noviembre de 2012

Clavícula de aperitivo.

Amor es cuando estoy duchándome, y apareces de repente en mi casa, con la copia de llaves que te tengo confiada para que entres cuando mis padres no estén y que llegues por sorpresa, sin que te espere, y entonces me esperas en el sofá, y salgo con la toalla anudada en la cintura a saludarte, y te mojo un poco la ropa, los labios al besarte, y me dices que recién duchado es cuando estoy guapo de verdad, que qué me apetece esta noche para cenar, que si pedimos unas pizzas o las hacemos nosotros mientras nos comemos a mordiscos el cuello y los hombros, toda la clavícula, de aperitivo, entre tanto que se calienta el horno. Y te miro a los ojos, diciéndote que mejor las hacemos nosotros, que lo que hacemos juntos siempre sale a la perfección, y te susurro al oído que eres mi lluvia, que siempre que pasas un rato por mi vida lo dejas todo empapado de amor y de ganas de más. Y cenamos. Preparo la mesa para la ocasión. Dos velas rojas en los vértices centrales de la mesa y un poco de pétalos esparcidos. Y me miras ahora tú, y me dices que esa camisa azul me queda genial. Y te digo que a ti te queda genial esa sonrisa que no se va nunca de tu rostro. Y después nos refugiamos debajo de la manta tumbados en el sofá, cambiando de canal, sin encontrar nada interesante, porque teniendo nuestros labios a disposición de regalarnos unos cuantos besos, dime, ¿que hay más interesante que eso? Y me pides que nos durmamos abrazados en el mismo sofá, tu apoyada en mi pecho y yo abrazándote. Me propones que vayamos a pasear sobre las hojas caídas de este frío otoño cuando amanezca, que te apetece llegar caminando al puerto y perderte en aquel faro que, en su rotación, ilumina el punto concreto en que te gustaría perderte algún día conmigo. Y me dices que me ponga ese gorro de lana que tanto te gusta, y a ti te propongo que te pongas ese jersey que me hace perder el sentido cuando lo llevas puesto. Y te duermes, y antes de dormirme yo me quedo observándote un rato, despacito, recorriéndote lento, aprendido a saber que escondes detrás de cada latido. Y es  entonces, cuando incluso estando dormida sonríes  quizá porque sabes que estás entre mis brazos, y en ese momento es cuando me doy cuenta de que somos eternos. Y me duermo. 

3 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Ojalá. Si no habrá que comprarlo. No se puede uno ir de aquí sin probar eso.

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  2. Joder, que entrada más perfecta, te juro que al final llore con ella. Enhorabuena, tener eso es perfecto, sin duda lo mejor del mundo :)

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