Entradas

Mi final.

Imagen
Mi final tuvo un principio que no debería de haber empezado nunca. Todos tenemos un error, una persona inadecuada que es la única capaz de hacerte feliz, aunque en realidad es una felicidad de mentira, pues es dolor, aunque no lo veas así, aunque en verdad no veas nada más que la realidad inventada que proyecta tu cerebro. El principio fue por lo tanto un error que creí acierto. Es de esos errores con los que prefieres hacerte daňo y no poder olvidarte, antes que ser feliz con otra persona, con aquella persona que no saludaste porque el error creía que era un error hacerlo, aunque ahora pienso que haberlo hecho hubiese sido el acierto que me salvase de este final. Yo solo quería salir del precipicio de seguir intentando que aquello saliese bien, eran intentos tirados al fondo de su orgullo, y era demasiado profundo para encontrar un mínimo de compresión. Y desde entonces no tengo corazón, y sí coraza. He perdido el tiempo y ahora llego a destiempo a todas partes. He cambiado los abrazo...

Somos, que al fin y al cabo es lo importante

Somos una generación desesperada por sentir por cualquier cosa, la generación que le da más miedo enamorarse que cruzar sin mirar mientras va hablando por el móvil con algo que les haga sentir lo que sea; la generación que fuma cigarrillos de liar, no por ahorrar, sino para hacer algo con sus manos y tener los dedos llenos, ya que luego va por ahí con el pecho vacío. Siempre estáis mirando la hora, como si fueseis a llegar tarde, ¿pero tarde a qué?, si ya nadie nos espera más de cinco minutos. Sois de exigir que os lo den todo sin haber dado aún nada, sois de esquivar las piedras y tropezaros solos, sin saber que la piedra hay que meterla en el bolsillo y cuidarla para que no se vuelva a caer. Sois de olvidaros de vuestros antiguos rollos cuando dejáis de masturbaros pensando en ellos. Que de aquí a unos años cuando nos hagan la autopsia van a encontrar un pecho lleno de nombres tachados y un corazón deformado de los puñetazos que le hemos dado. No sabéis querer, pero creer que queréi...

La rutina de vivir en el caos.

Imagen
Cada martes te planteas cambiar tu vida, te crees que las cosas van a salir como quieres, aún llevas la ropa del sábado que huele a fracaso, la casa está llena de latas de cerveza de marca blanca, y te cagas en la puta cada vez que piensas en que te dejaste llevar tanto que perdiste el sentido para volver a casa y estar a salvo. Pero llegan los miércoles y te los pasas de cara a la pared haciendo tachones con pinceles en los sitios donde aún retumban sus gemidos y vuestros secretos. Los jueves autoanalizas tu transtorno psiquicosinella, te pasas horas mirándote al espejo tratando de completar una ronda de mentiras sobre lo bien que estás, pese al fracaso, y que parezca convincente de cara a la galería de esos tachones que dicen la verdad sobre de la mierda en como te sientes. Los viernes sales a bares donde huele igual de fuerte a alcohol del malo que a desastres de amores de garrafón. Bebes a base de chupitos porque crees que probando de diferentes vasos y diferentes sabores te v...

Con ganas de cometerte.

Miraba cada uno de los precipicios de tu cuerpo con ganas de cometerte. Los miraba como un suicida mira desde un puente el río donde va a hacerse el amor a sí mismo. Como un adolescente mira lo que hay detrás de las primeras bragas que baja con las manos nerviosas. Como alguien sin corazón que mira como su cabeza va a destrozar a alguien con más corazón que razón. Como un astronauta mira la nave espacial que le va a llevar a un planeta donde no ha llegado nadie. Como una prostituta mira a un hombre que le salva la honra y en vez de follársela le cuenta sus penas. Como un político mira su primer sobre lleno de dinero conseguido con la corrupción. Como un pirómano mira el monte al que va a quemar, o hacerle el amor con tanta pasión que saldrán ardiendo. Como el poeta mira la falda de esa chica para ver si el viento se la levanta y poder leer el mejor poema marcado en sus bragas. Como la herida mira y analiza a la cicatriz que le va a curar. Como un pueblo sometido mira la bandera revoluc...

Os creéis salvadores de pechos.

Nunca deberíais interponeros entre alguien y sus ganas de autodestrucción. Pero siempre os interponéis, porque os creéis salvadores de pechos con ganas de romperse y sentirse vacíos sin otro pecho que compense su desnivel de soledad, de pena, y acabáis rompiéndoos el vuestro por idiotas. Hay gente que no está preparada para querer a otra persona que no sea a ella misma, y creéis que vosotros vais a ser los primeros en hacerles sentir algo, pero nunca acaba siendo así porque nunca van a estar dispuestos a querer a alguien, no porque no sepan -porque para querer a alguien no hace falta saber, solo hacen falta ganas de entregarse-, sino porque no les da la gana. Siempre os acabarán decepcionando esas personas que desde el primer momento os dicen que el amor es una mierda, pero pese a todo sois tan ingenuos de ir a por ella, que luego os quejáis cuando el tren os atropella por cruzar cuando la barrera de paso estaba bajada y parpadeaba la luz del semáforo, intensamente, para que no dies...

Nunca me gustó como besabas.

Me gustabas porque me dijiste desde el principio que eras imposible, como una primavera sin ganas de revolución, como pedirle pétalos a un cáctus, como que el agua y el aceite se revuelquen dentro de un mismo vaso. Me gustabas cuando escribías en mi cama y recitabas lo que habías escrito, y para mí eso era como si estuvieses bailando en mi cama desnuda. Contra más alto subíamos, más vértigo tenías, más miedo por si resbalabas y la hostia contra el suelo te destrozaba, y es que de tanto mirar para abajo me dejaste de mirar a mí, y yo no paraba de mirarte, desolado, viendo que no tenías ya ilusión, mientras notaba como la mía estaba cayendo desde donde estábamos, con tanta velocidad y turbulencias que tenía toda la pinta de reventarse contra el suelo, te miraba viendo lo perdida que estabas y las ganas que tenías de bajar, y es que nunca te dejaste llevar, y nunca podrás amar a alguien, porque el amor es dejarse llevar sin importar la hostia que te vayas a pegar. Invertí mis ilusiones...

Quise vivir de nuestro cuento y acabé muriéndome de la realidad

Yo contigo solo quería salir corriendo delante de la policía por haber robado en un supermercado, coger un cádilac en una gasolinera, huir, que te pusieses de pie en el asiento con los brazos abiertos mientras hacíamos la ruta 66 y morir en un tiroteo. Pero en el amor siempre cometemos el fallo de dejarnos llevar sin preguntar a dónde vamos, y luego nos encontramos en el fondo de un precipicio mientras la otra persona está dando saltitos mientras baila en el borde riéndose. Y es que nos enamoramos de bloques de hielo sin saberlo, y lo malo es que el hielo se pega a la piel y quema, dejando marcas. Y despegarte duele mucho. Nuestra relación era a distancia porque nunca quiso acercarse a donde yo estaba, y ojalá hubiese tenido un doble para las escenas en que si yo no iba, ella pasaba de venir y lo nuestro se acababa. Las personas no cambian, solo se limitan a disimular, y ella nunca supo querer, pero disimulabas tan bien que creí llegar a pensar que estaba enamorada; que hija de p...